El reloj avanza. El electorado observa. Y aunque los días sean los mismos, la ciudadanía ya no vive ni cree la política de la misma manera. De cara al 2027, el verdadero reto no será ganar narrativas, sino recuperar la confianza perdida.El reloj avanza. El electorado observa. Y aunque los días sean los mismos, la ciudadanía ya no vive ni cree la política de la misma manera. De cara al 2027, el verdadero reto no será ganar narrativas, sino recuperar la confianza perdida.

Diciembre suele ser un mes de balances. Los cierres de año no solo marcan el fin del calendario, también obligan a mirar lo vivido con mayor profundidad. Las posadas partidistas, tan comunes en estas fechas, se han convertido en espacios donde líderes y militantes se encuentran, intercambian saludos y escuchan mensajes de unidad y agradecimiento. Sin embargo, detrás de los abrazos y discursos, subyacen lecturas políticas que no pueden ignorarse.

Este 2025 se despide distinto. Como escribió alguna vez el galardonado noble de la paz, Gabriel García Márquez en sus célebres columnas de “La jirafa”, los días pueden ser los mismos, pero no se viven igual. Y diciembre lo confirma: para algunos es un mes de celebración y victoria; para otros, de aprendizaje, reflexión e incluso de desencanto. No todos los cierres traen las mismas certezas.

En Campeche, el escenario político atraviesa un momento complejo. En medio de ese contexto, reaparece una figura que en su momento logró cambiar la forma de hacer política: caminar las calles, recorrer colonias, comunidades y municipios, escuchar directamente a la gente y entender sus necesidades antes de ofrecer respuestas. Un estilo cercano que generó expectativas y esperanza entre muchos campechanos.

Sin embargo, esas expectativas no fueron suficientes. No por falta de respaldo ciudadano, sino porque la política moderna, esa que se cocina en mesas cerradas, terminó imponiéndose. Los acuerdos desplazaron a los votos, y la voluntad popular quedó a medio camino. Hoy, ese fenómeno reaparece.

La política deja de ser causa y se convierte en cálculo, dejando cicatrices difíciles de ocultar entre las bases.

Y mientras todo esto ocurre, el 2027 ya se asoma. Bastará con que termine diciembre y arranque el 2026 para que se intensifique la guerra mediática. Vendrán los textos bien diseñados, el bombardeo en redes sociales y las promesas recicladas, muchas de ellas tan vacías como las de una administración que hoy llega a su ocaso.

Una administración marcada por el color guinda que, al revisar su trayecto con detenimiento, evidencia un gobierno de ocurrencias más que de resultados. Un ejercicio del poder que comenzó con expectativas altas y terminó desdibujándose entre improvisaciones.

El reloj avanza. El electorado observa. Y aunque los días sean los mismos, la ciudadanía ya no vive ni cree la política de la misma manera. De cara al 2027, el verdadero reto no será ganar narrativas, sino recuperar la confianza perdida.

Por nodix

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